El Rudolfinum es el hogar de la Orquesta Filarmónica Checa. Concebido como casa de los grandes artistas eslavos a finales del siglo XIX, fue usado como Parlamento Checoslovaco durante la Primera República. Imponente, neorrenacentista, diseñado por Josef Schulz y Josef Zítek, se erige como un coloso en la Plaza de Jan Palach. Debe su nombre al que iba ser el heredero del trono del imperio Austro-húngaro, Rodolfo III.
El Rudolfinum fue proyectado sobre los terrenos del antiguo vertedero de Praga y comenzado a construir por los mismos artífices que levantaron el Teatro Nacional y el Museo Nacional de Praga. Josef Zítek y Josef Schulz, usaron el mismo estilo que en aquellas construcciones, en un edificio que se destinaría a fines culturales.
Sede del Conservatorio de Música de Bohemia, fue terminado en 1884. No obstante su inauguración no se produjo hasta un año más tarde, cuando la música de Ludwig Van Beethoven inundó las paredes del auditorio con su Obertura en Do mayor «La consagración de la casa», una obra perfecta para un gran comienzo.
No fue hasta 1896, que la Orquesta Filarmónica Checa dio su primer concierto. Dirigidos por Antonín Dvořák, tocaron la «Sinfonía del Nuevo Mundo», lo que dio pie a que la sala principal de conciertos adquiriera el nombre de aquel maestro.
Lo vemos todos los días en nuestro punto de encuentro
Siéntate en las escaleras y disfrútalo admirando sus detalles.
El espacio ha sido objeto de múltiples cambios históricos. Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, aquí se instaló el Parlamento Checoslovaco y su sede de Gobierno. Al ser ocupados por los nazis, durante la época del Protectorado de Bohemia y de Moravia sería la sede de la filarmónica alemana.
Tras la guerra, las funciones de sala de conciertos son parte de su día a día, disfrutando no sólo de la filarmónica sino de múltiples salas con orquestas de cámara, una cafetería histórica muy agradable y ciertas exposiciones que se realizan en su interior. Incluso es lugar de recepciones oficiales o entrega de premios como los «Leones checos», los «Oscars» del cine checo.
Está decorado con 32 estatuas de los grandes maestros de la música clásica en la cubierta superior, recordando las funciones originales del edificio. Si quieres visitarlo, se puede, pero te recomendamos asistir a algún concierto porque son alucinantes, y la acústica es maravillosa.
Está disponible bajo la Plaza de Jan Palach el aparcamiento subterráneo del Rudofinum. Si te acercas en coche, se puede aparcar, pero cierto es que lo precios no son económicos. Si lo que te interesa es ver una obra y marchar, no hay problema, pero dejar el vehículo aparcado más tiempo puede resultar caro en comparación con otros parkings en Praga.
La vemos todos los días en la visita por el barrio judío