100 años sin Franz Kafka

El 3 de junio de 1924, tristemente se produjo el fallecimiento de Franz Kafka.  Curiosamente en Praga, cuna de su literatura, nadie se había dado cuenta que un muchacho del barrio judío, tímido y fugaz, iba a ser recordado como uno de los escritores más grandes que han nacido en tierras checas. Si miramos atrás, ya han pasado más de 100 años sin Franz Kafka.

Museo de Kafka Praga
Estatua de Franz Kafka Praga
Tumba de Franz Kafka
Cabeza de Kafka Praga

La Praga de Kafka

Cierto es que Franz Kafka es un símbolo de Praga. No obstante, no siempre fue así. A pesar de ser uno de los mejores escritores de todos los tiempos, Franz Kafka no fue conocido en tierras checas hasta que acabó el comunismo. Sus obras fueron redactadas en alemán, puesto que nació en mitad del Imperio Austro-húngaro, lo que hizo que empezara tímidamente a conocerse en tierras germanas.

Fue en 1918 cuando se proclama la República y apenas vivió unos años en la Checoslovaquia de entonces. Su carácter introvertido desde pequeño, hizo que tuviera periodos de duda, y acabó destruyendo algunas de sus creaciones al diagnosticarle tuberculosis. Sin embargo, gracias a uno de sus amigos, Max Brod, se acabarían conociendo sus escritos.

El periodo convulso de la segunda guerra mundial y la difícil divulgación de un escritor judío durante el protectorado de Bohemia y de Moravia, hizo que, incluso escribiendo en el mismo idioma que el Tercer Reich, fuera prohibido por sus convicciones religiosas. De la misma forma, escribir en aquella lengua cohibió la posibilidad de reconocerle como uno de los grandes escritores checos, tal y como ocurrió con Milan Kundera, o Karel Čapek, durante la República Socialista Checoslovaca.

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Praga se llena de Referencias a Kafka

La casa donde nació Franz Kafka, la casa donde vivió Franz Kafka, la estatua de Kafka, la Cabeza de Kafka… Ahora hay tantos epígrafes con su nombre, que es difícil creer que hace apenas 30 años los checos ni se imaginaban que tenían un literato de renombre. A día de hoy, caminar las calles de la ciudad de las cien torres están llenas de pequeñas cosas enfocadas a recordar al escritor.

El Museo de Franz Kafka nos enseñará parte de sus obras, el Proceso, Cartas al padre, o El Castillo. De hecho, esta última podría indicar su etapa en que vivió alquilado en casa de su hermana Ottla en el Callejón de Oro del Castillo de Praga. Allí, por ejemplo, acabaría escribiendo una novela corta llamada “Un Médico Rural”. A día de hoy, por ejemplo, recomendamos adquirir esa novela en aquella casa, que ahora es una pequeña librería, donde nos colocarán un sello por haber comprado la obra en el lugar donde la escribió.

Pero es sin duda “La Metamorfosis” su novela más conocida. Aquella que nos habla de una transformación, una metáfora de lo pequeño que nos creemos ser, ínfimos, influenciados por cómo nos ven los demás, como pequeños insectos.

La metamorfosis de Praga

Hoy esa ciudad se ha transformado. Sin duda alguna, la Praga actual es la Praga de Kafka, de la misma forma que él siendo un pequeño escritor se convirtió en alguien muy grande. Nombrado hasta la saciedad, incluso creando un adjetivo para referirnos a él cuando decimos que algo es kafkiano.

No obstante, ha tenido que pasar mucho tiempo para ser reconocido. Como los grandes pintores, cuyas obras fueron olvidadas un tiempo y ahora se muestran a todo color. Praga es Kafka y Kafka es un imprescindible de Praga. Pasea, conoce y deléitate con la cantidad de elementos a su persona.

Han pasado más de cien años desde que nos dejó Kafka, pero ha trascendido en cultura, se he hecho inmortal y hoy lo disfrutamos todos los que paseamos a diario por las calles de la ciudad más bonita de Europa. No te la pierdas, te la enseñamos y, por supuesto, te hablamos de Kafka.

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