Se le conoce como Primavera de Praga al periodo comprendido entre el 5 de enero y el 21 de agosto de 1968 en Checoslovaquia. Tras el golpe de estado del comunismo soviético en febrero de 1948, los checoslovacos habían pasado 20 años en restricción de libertad. Por ello, gracias al conocido como “comunismo de rostro humano”, Alexander Dubček, el presidente del Partido comunista checoslovaco, intentó devolver al pueblo parte de sus derechos civiles.
La instauración de las ideas del bloque comunista orquestadas desde Moscú, hizo caer la economía. Las restricciones cesaron no sólo la libertad civil, sino pactos con los países de occidente. La idea de realizar en tierras checoslovacas una mini-unión soviética potenciando la industria, creyendo que estas tierras seguían siendo una potencia armamentística como antaño creyó Hitler, hizo caer la agricultura y demás ramas de producción. Eso se tradujo en una palabra. Hambre.
Las cartillas de racionamiento y las reformas monetarias para sanear la economía basadas en hacer más pobre aún al pueblo, funcionaron lo suficiente como para que durante unos años se incrementara la industria ligera. Que la gente pudiera comer y vestir era lo mínimo que los obreros exigían a sus líderes. Pero en las altas esferas la intención era otra. Había que ser fuerte. Para ello, la propaganda del régimen y su intento de estrechar lazos con el bloque del este, habían creado una contraposición a la llamada Alianza Atlántica (OTAN). Para hacer fuerza se creó el conocido como el Pacto de Varsovia.
La separación física se produjo con el levantamiento del muro de Berlín en 1961. Pero las grietas que comenzaron a salir, no en el muro, sino en el régimen, eran más profundas de lo imaginado. Las imposiciones, las muertes, la aparición de la burocracia extrema como medida de distracción y la dejadez de los más ancianos, hastiados del pasado, vieron un poco de luz cuando los artistas de la época, Václav Havel, Milan Kundera o Miloš Forman empiezan a mostrar con sus obras la realidad del momento.
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Los estudiantes, a pesar de las restricciones, se las apañaban para conocer ciertos datos del mundo occidental. La carrera armamentística, espacial y cultural que se había desatado durante la Guerra Fría, destató la curiosidad de los más jóvenes. Cada vez había menos afines a la rigidez del partido comunista checoslovaco. La creciente corrupción de sus líderes, incumpliendo sus propias normas, desembocó en una renovación completa en la cúpula de mando.
Apareció en escena Alexander Dubček. Un político relativamente joven que comienza no a imponer las decisiones del partido, sino a consultarlas con la ciudadanía. Llegó al poder el día 5 de enero de 1968. La gente comenzó a poder leer opiniones, a decir lo que pensaba sin miedo a que los cuerpos de seguridad del estado (StB) los detuviera y torturara, o a viajar con permisos especiales para saber lo que pasaba en Europa. En Mayo, las revueltas provocadas en Francia por los estudiantes contra el sistema político que derrocaron al gobierno, eran un espejo en que mirarse.
Al llegar a junio de 1968 se hablaba de una rápida recuperación económica. La reconstrucción de los puentes quemados con los países occidentales, de poder negociar más allá que con la Unión Soviética y el afloramiento de las libertades civiles, hizo desaparecer el miedo. La pesadilla que habían vivido quedaría como un mal sueño que nadie parecía recordar. El problema fue que no despertaron. Apareció en escena el líder soviético, Leonid Brézhnev.
La idea de que el socialismo no esté basado en el miedo es contagiosa. En las fronteras polacas y en la República Democrática Alemana había habido manifestaciones que indicaban que algo parecido a lo sucedido en tierras Checoslovacas iba a pasar también por allí. Si no se quiere poner en entredicho la integridad del imperio hay que actuar. El Kremlin puso en marcha su plan, la llamada Operación Danubio, como intervención militar.
Los tanques del Pacto de Varsovia avanzaron el día 21 de agosto de 1968. Toda la cúpula del partido comunista checoslovaco queda detenida incluyendo a Alexander Dubček. El pueblo, que había probado el caramelo de la libertad, se enfrentará a los tanques en la propia plaza de San Wenceslao. Por desgracia fueron testigos, una vez más, de un derramamiento de sangre.
Las tropas soviéticas dieron comienzo a la denominada Doctrina Brézhnev. La ocupación rusa vuelve a los términos anteriores. Se firmó un tratado en el que el ejército ruso se mantiene en el país y se abolieron todas las normas firmadas durante la Primavera de Praga. Comienza lo que se denominó el Proceso de “Normalización”. Lo que parecía el final del comunismo se transforma tan sólo, en el principio del fin.
Todos estos actos tuvieron eco en el futuro, dando lugar a la caída del régimen con la Revolución de Terciopelo en 1989.
Que el programa de acción planteado por el Partido Comunista Checoslovaco dejó de imponer sus decisiones por vía administrativa, dejando abierta la democratización del sistema. La sustitución de altos funcionarios públicos propició un cambio muy profundo en la política, dejando de lado la inquebrantable estanqueidad de la Unión Soviética para decantarse por un modelo más occidental.
La idea de solventar los problemas económicos acercándose a economías del oeste, pasaba por abrir la mano al pueblo y que el pueblo decidiera por sí mismo. Un dinamismo inédito hasta entonces, que chocó de lleno con la U.R.S.S.
Concretamente el día 5 de enero de 1968, cuando Alexander Dubček se proclama vencedor del pleno del Comité Central del Partido Comunista Checoslovaco. Antonín Novotný capituló de sus funciones, dando el ascenso al poder a un joven desconocido de procedencia eslovaca, que pondría patas arriba el sistema planteado por los dirigentes previos.
La renovación de una política abierta le granjeó buena reputación incluyendo un proceso de democratización no vista hasta entonces en un líder comunista. Poco a poco, la destitución de altos cargos, funcionarios fieles al antiguo régimen, sustituyéndolos por otros más alineados con los nuevos ideales, dieron comienzo a la Primavera de Praga.
No se conoce a ciencia cierta la cantidad de fallecidos que se produjeron a la entrada de los tanques del Pacto de Varsovia. Algunas fuentes sitúan este número entre 80 y 137 personas. Muchas de las víctimas se produjeron durante las primeras horas, pero el número se incrementó con el paso de los días.
Se le considera líder de la Primavera de Praga a Alexander Dubček, ya que al deponer a Antonín Novotný como secretario del partido Comunista Checoslovaco comenzó una serie de reformas que hicieron florecer la libertad. De ahí que el periodo se denomine Primavera de Praga.
Fue la respuesta del pueblo a un sistema totalitario que vivieron los checoslovacos durante 20 años. La censura, las restricciones de libertad o la falta de recursos básicos, desencadenaron una serie de hechos que derrocaron al gobierno comunista sustituyéndolo por uno socialista.
Para regresar al antiguo régimen de control de población basado en la fuerza. La posibilidad de la caída de la Unión Soviética fue real, puesto que las noticias de la rebelión en Praga atravesaron las fronteras. Por ello, las tropas enviadas desde Moscú, con el apoyo del Pacto de Varsovia y el bloque del este, restauraron militarmente los antiguos ideales. Cortaron de raíz la posibilidad de que los checoslovacos dejaran atrás este periodo aciago de la historia.
Se firmaron los Protocolos Moscovitas, se destituyó a altos cargos y socavaron la unidad reformista que se había instaurado en Checoslovaquia. Es más, para evitar la unión, se comenzó a tratar el país como si fueran tres gobiernos independientes, el federal, el Checo y el Eslovaco.
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