El Golem de Praga es una de las leyendas más importantes de la capital checa. Relacionada con la historia judía y su comunidad, se ha convertido en un referente del folclore checo, capaz de rivalizar con otras creaciones ficticias como zombies, momias o los vampiros. Si quieres conocer todo acerca del gran monstruo de barro que recorría el antiguo gueto, aquí te lo contamos.
En el imaginario popular, esta historia ha calado sobremanera. A día de hoy, películas como Frozen con su golem de hielo, series de la tele como los Simpsons, videojuegos como Clash Royal (Sneaky Golem) o Minecraft, e, incluso, juegos de cartas tipo Pokemon o Magic, han tenido sus versiones. Se conocen Golems de cobre, de llamas, o de hierro, que nos encontramos en numerosas ocasiones y en diferentes medios, pero siempre con una cosa en común.
Se trata de criaturas humanoides hechas con diferentes materiales que han cobrado vida. Utilizadas en ocasiones como protección, ya que suelen representarse grandes y fuertes, simplemente para dar miedo y asustar, o realizadas con la intención de emplearse en tareas que habitualmente una persona no podría realizar.
La más famosa, si cabe, es la que el Maharal de Praga creó en lodo, para poder defender a la comunidad judía de los grandes pogromos que azotaron su pasado. El Golem de Praga es el mito judío por excelencia. Un clásico atemporal que se ha colado en la cultura popular acercando un poquito más a Praga al mundo de los cuentos y misterios en esta ciudad maravillosa.
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El origen del Golem de Praga está íntimamente ligado con la alquimia. La transformación de la materia en la búsqueda de conocimiento y la creación del elixir de la eterna juventud, dio como resultado una de las ramas alquímicas consistentes en la creación de un homúnculo. Un ser artificial, autómata o robot, que mediante artes mágicas era dotado de vida.
Durante el siglo XVI, la corte de Rodolfo II fue propicia para estos menesteres. Científicos como Tycho de Brache, o Johannes Kepler, matemáticos como John Dee o charlatanes como Edward Kelly, coparon las más altas esferas. Apartado, en un lugar al otro lado del río, un maestro de la comunidad judía conseguiría su objetivo. En silencio, el Rabino Löw, protegería a los suyos de una forma nunca antes vista.
Hay que conocer que para investigar se necesitan fondos. Los grandes reyes acudirían a prestamistas que sufragaran tal empresa. En el barrio judío de Praga hacía mucho tiempo que sus habitantes abrían sus arcas para satisfacer al rey. Por ello, la fama de riqueza y copiosa fortuna de los judíos, estaba en el punto de mira de los cristianos.
Jehuda Löw ben Bezalel llegaría a convertirse en el Gran Rabino de la judería. Tras el gran incendio que se propagó en Praga en 1541, la culpa de que el fuego quemara parte de la ciudad fue atribuida a los judíos. Por ello, se presentó con una carta delante de la carroza del Emperador, para impedir la expulsión de su gente y hacer justicia.
Tras conseguir los favores del monarca, se convertiría en el Protector del Gueto. Si bien es cierto, las amenazas hacia la comunidad estaban siempre presentes. Ya había antecedentes históricos de ataques hacia los habitantes intramuros que habían provocado desproporcionados derramamientos de sangre. La idea era, pues, evitar a toda costa que la historia se repitiera.
La solución apareció en sueños. Tras rezar la noche anterior y preguntar al cielo qué hacer, la respuesta la tuvo desde el propio creador al despertar. Había de moldear una figura de arcilla con el que combatir a aquellos que iban en contra de su gente.
Hay muchas versiones de la leyenda del Golem. Su nombre viene del hebreo, de la palabra «guélem» (גלם) que significa «materia». Para su creación, se tomó como base los cuatro elementos. Con la ayuda de su yerno y discípulo bajaron al río Moldava, modelaron un coloso con la tierra de la orilla y uno tras otro realizaron sus rezos mientras daban 7 vueltas alrededor del Gólem. Se quemó aquel gigante y se le llenó de agua después.
En la frente de la figura inerte, el Rabino realizó una inscripción. La palabra hebrea Emet, (אמת) que significa verdad. Tras soplar, se le dio el aliento de la vida. Aquel cuerpo inanimado ya estaba listo para ayudar a la comunidad, realizar mantenimientos o proteger a los judíos. Al no ser inteligente, su instrucción, se realizaba a través del «Schem», escrito sobre pergamino e introducida en su boca, sus tareas las seguía al pie de la letra.
No podía hablar y no cuestionaba su misión. Realizaba lo asignado sin discusión, pero no estaba exento de problemas. En cierta ocasión casi inunda el gueto por decirle que trajera agua del río. Pero había una forma de desactivarlo. Una vez no se necesitara al Golem, se borraría la primera letra de la palabra Emet, el alef, dejando escrita sólo la palabra Met (מת) en la frente, que significa muerto.
Cuando los servicios del Golem ya no fueron requeridos y el pueblo judío se sintió tranquilo y protegido, aquella masa de barro fue destruida. Se guardó en el ático de la Sinagoga Vieja-Nueva de Praga. La prohibición fue impuesta por el rabino a la comunidad. No se podrá acceder al desván de la misma hasta que el propio pueblo judío lo vuelva a necesitar.
Por ello se dice que allí espera desde entonces, en la parte alta del antiguo granero de la Sinagoga más antigua de Praga. Nadie sabe con seguridad si el polvo de aquella tierra aún decora el suelo de madera, seco, inmutable, esperando a que algún erudito del Talmud vuelva a ponerse manos a la obra y lo haga levantarse de nuevo.
Las referencias al Golem de Praga se encuentran por doquier en la capital checa. Si visitas el Museo de Cera, lo verás reproducido. Lo encontrarás en forma de souvenir, peluche o muñeco, o en el atrezo de alguna juguetería. Existen muchas versiones en diferentes libros que también puedes adquirir de recuerdo. Su importancia es tal, que viene gente preguntando expresamente por el Golem.
Es una figura cercana a lo que es un ser deshumanizado, sin alma, un esclavo o humanoide capaz de realizar tareas complejas a través de una instrucción. Es parte del Arte Asquenazí, de los judíos que se asentaron en Europa tras las grandes diásporas y pertenece a su mitología.
Filosóficamente es una metáfora de la creación del hombre que hizo el mismo Dios, asemejando este al propio Rabino y la figura de barro asemejando al ser humano. Un intento de realizar una creación divina con sus imperfecciones y distancia con respecto al creador. Ya hay un ejemplo muy claro en la propia biblia católica de un ser creado de barro, Adán.
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