Brunčvik, la estatua 31 del Puente de Carlos

El caballero Brunčvik es considerada por muchos la última estatua del Puente de Carlos, la numero 31. Con su espada dorada y armadura, fue uno de los grandes defensores de las tierras checas, eso sí, en las fábulas y los cuentos de Bohemia. Aquí te contamos su historia y leyenda, además que su posición limita la propiedad de las aguas de la Ciudad Vieja de Praga.

Perfil de Bruncvik
Escudo de Bruncvik
Silueta de Bruncvik

Leyenda del Caballero Brunčvik

Se cuenta que Brunčvik, gran Príncipe de las tierras checas, necesitaba cambiar el símbolo del escudo de armas que por entonces contaba con un águila. Partió, por tanto, en busca de aventuras recorriendo mundo, junto a la llamada Espada Milagrosa, de la cual se decía que ella sola era capaz de decapitar a cualquier adversario.

En uno de sus viajes encontraría una situación extraña. Un león luchando contra un tigre (aunque hay fuentes que indican que era un dragón), que al vencer quedó malherido. Cabizbajo y rendido por el esfuerzo, el león se tumbó esperando la muerte. Brunčvik, compasivo, le curó las heridas. En agradecimiento, el león le acompañó hasta el final de sus días y a él se le debe el escudo de armas del león de Bohemia.

La espada, la escondió en uno de los pilares del Puente de Carlos para que en un futuro los contrincantes de esta tierra sean derrotados. El día que se necesite, aparecerá San Wenceslao, patrón de los checos, cabalgará por el puente, tomará la espada y cortará la cabeza a sus enemigos.

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El héroe checo de origen alemán

En otras mitologías se le conoce como el Caballero Roldán, paladín de Carlomagno, que simbolizaba los privilegios municipales y protector de los fueros. De hecho, la función de la estatua era la de proteger la potestad de las aguas del río Moldava, que pertenecían a la Ciudad Vieja de Praga. Es más, Brunčvik marca el límite del barrio de Malá Strana en el mapa de Praga delimitando el propio cauce.

La estatua se sabe que fue realizada a comienzos del siglo XVI. Curiosamente fue decapitada durante la Guerra de los 30 años, siendo restaurada por el taller de Ludwíck Šimek, que también reemplazó el torso. Hoy se muestra erguida a la orilla de la ciudad pequeña, con el león a los pies del caballero y apoyando su escudo en el suelo.

Su pelo largo, armadura, todo es acorde a las representaciones de los héroes de antaño, representado a un joven fornido, que, desde lo alto de su pedestal, contempla a aquellos que cruzan las aguas del río. El caballero Brunčvik se ha convertido en una de las grandes leyendas checas.

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